El boom de las algas

Las abuelitas sostienen que lo natural es siempre lo más favorable y las algas son ejemplo de ello. Comprenden una de las primeras expresiones de vida en el planeta, tanto animal como vegetal, formadas en las profundidades del mar hace millones de años. Desde ese entonces, han permanecido allí, bajo la inmensidad del agua salada a la cual los seres humanos se han acercado para descubrir los misterios que encierra.

¿Qué esconden las algas?

La razón por la que se utilizan cada vez más en el campo de la estética y la cosmética obedece a que son fuente de vitaminas, proteínas, sales minerales, azúcares y oligoelementos. Con los avances tecnológicos en la materia es posible extraer todas esas virtudes de las algas, de ahí que sea común ver en los establecimientos comerciales jabones, cremas, champúes, lociones, mascarillas y un sinfín de productos que se valen de ellas.

Son casi incontables los tipos de alga y sus variantes en color, forma, tamaño, textura, y propiedades en general. Aún así, no es apresurado afirmar que son un don de la naturaleza.

Además de hidratar y desentoxicar por medio del yodo natural (motivo por el cual es utilizado para la pérdida de peso) uno de los hallazgos más recientes es que tienen propiedades que reducen los niveles de estrés evidentes en la piel. El magnesio y los azúcares contribuyen al mejoramiento de su apariencia agotada cuando se aplican en las terapias.

Para quienes desean lucir siempre jóvenes son aliadas perfectas. Sus enzimas contrarrestan el daño que los radicales libres ejercen sobre la piel, evitando así un envejecimiento prematuro. Ante tal descubrimiento se han elaborado cremas, sueros y ampollas que ayudan a combatir las líneas de expresión.

El estudio minucioso de las algas continúa en los laboratorios que apuestan por lo natural, con la sospecha de que tienen más bondades que por ahora se desconocen. Aproveche la oportunidad en la playa para frotar las algas sobre su cuerpo. Una vez que se atreva a acercarse a ellas lo asumirá como una oportunidad más para consentirse sin necesidad de gasto alguno.